El pedido llegó con una condición clara: que la identidad se sintiera hecha a mano y que aguantara igual de bien en un afiche pegado en la calle que en una publicación para redes. No había margen para una marca rígida, así que el sistema se armó desde el dibujo y no al revés.
Antes de tocar la computadora hice bocetos a lápiz de los motivos gráficos: formas sueltas, trazos gruesos, alguna mancha de tinta corrida. De ahí salió el vocabulario visual que después se repite en cada pieza del ciclo.